Estimado Carlos: Te dirijo esta carta en calidad de "dictador", o dictante, del artículo que ayer me dedicó uno de tus empleados. En primer lugar, quiero que le agradezcas al firmante la retahíla de insultos y descalificaciones personales que me dedica. No hacen sino confirmar tu alergia extrema a cualquier crítica. Sinceramente, hubiera preferido que emplearas el espacio en este medio de comunicación para dictarle al escribiente las bondades de la bicefalia en un partido, la conveniencia del uso de encuestas telefónicas para la toma de decisiones en una organización política que ya ha convocado a las urnas a todos sus militantes, o los motivos de tu radical cambio de opinión sobre algunos dirigentes del Partido Popular. De eso y no de otra cosa trataba mi artículo de opinión, duro si quieres en el fondo, pero respetuoso en las formas y con las conversaciones privadas que tuvimos en su día. No cito nada en él que no hayas voceado en público. Supongo que cuando se carece de razones para defender ciertos planteamientos, es más fácil entrar en los argumentos ad hominem. Viendo tu virulenta reacción como candidato ante una discrepancia razonada, provoca escalofríos imaginarte de presidente. Das miedo, Carlos.
En los casi veinte años que llevo trabajando, he sido gerente de una empresa pública durante año y medio, y asesor tuyo cuatro meses. El resto de mi actividad profesional se ha desarrollado íntegramente en el ámbito privado como directivo de grandes empresas y ahora como consultor y pequeño empresario. Este es un dato importante que tú conoces pero que no has explicado a tu escribiente. Ni estoy en la política ni tengo expectativas de estarlo. No participo de ninguna "movilización mediática", ni soy un hombre de nadie. Nadie me ha pedido nada, ni yo he pedido nada. Lo que desliza tu Bartleby particular sobre aplausos y botines son puras maledicencias de estilo totalitario: difama que algo queda.
Como ex director general de Matas y Estarás que fuiste, imagino que te habrás ruborizado un poco al dictarle al escribiente lo del "camaleonismo oportunista" y el desagradecimiento. Quizá también al recordar cómo llegaste a portavoz municipal en la oposición y a presidente de la junta local de Calvià por primera vez.
Es obvio que te equivocaste al nombrarme asesor de tu ayuntamiento. Yo no respondo al perfil ovejuno que busca quien confunde la lealtad con el peloteo y la crítica constructiva con la traición. Obviamente, mucho mayor fue mi error al aceptar el puesto. Ni yo era lo que tú querías, ni tú eras lo que yo esperaba. Precisamente por ello, porque te conozco bien y te he tratado en las distancias cortas, mi desencanto fue y es mucho mayor. Resentimiento, ninguno. Decepción, toda.
Tu afición a la descalificación y el ataque personal dificultan, cuando no imposibilitan, el debate político y el intercambio de ideas. Con tu vehemente respuesta dictada y tu falta de mesura confirmas una vez más lo acertado del comentario de tantos que en su día te apoyaron y se fueron espantados: ¡una pena lo de Carlos!