EL EXTRAÑO CASO DE CARLOS DELGADO

por José Manuel Barquero (*)(**)

Carlos Delgado está dotado de indudables cualidades para el ejercicio de la política. Es una persona con una notable formación académica, y una capacidad de gestión acreditada durante su primer mandato como alcalde de Calvià, que le sirvió para renovarlo con una holgada mayoría absoluta. Con un discurso de valores y principios inseparables de la actividad pública, ostenta un liderazgo indiscutible entre una parte significativa de la militancia del Partido Popular. Además, no necesita la política para vivir, y esto es mucho en los tiempos que corren. Todas estas virtudes y algunas más quedan eclipsadas por su insistencia en dispararse él solo en el pie con frecuencia. Hace tiempo que Carlos Delgado se ha convertido en su peor enemigo. Su escasa tolerancia a las opiniones discrepantes, y una indomable tendencia al exabrupto han terminado por generar dudas y rechazo incluso entre personas que comparten gran parte de sus ideas.
Durante la celebración hace unos días de la Interparlamentaria Popular en Palma, no era suficiente presionar a José Ramón Bauzá para que convocara un congreso extraordinario apelando ante los medios de comunicación a la palabra dada, a la necesaria democracia interna o al liderazgo reforzado que saldría del mismo. No, eso era quedarse corto. Tenía que llamarle cobarde. Ahora ha hecho público su ranking de candidatos electorales, pero no hace mucho tiempo, y ante decenas de afiliados del PP de Calvià, tuvo que recurrir a una durísima descalificación personal respecto a la preparación intelectual de un ex conseller y ex presidente insular del PP de Mallorca. Y hablando de renovación, en los días previos al congreso que ganó Rosa Estarás, dejé escrito en estas mismas páginas que un partido debe dar una salida digna a los dirigentes que han dedicado los mejores años de su vida profesional a la actividad política. El alcalde de Calvià me manifestó su total desacuerdo: obligación moral ninguna. El secretario general, a su casa. Ya sabemos que la política hace extraños compañeros de cama, pero los flirteos precongresuales a los que estamos asistiendo resultan sorprendentes, por no decir cómicos, para cualquiera que haya escuchado a Delgado pronunciarse sobre muchos de sus compañeros de partido. A pesar de ello, no se puede dejar de reconocer la total coherencia de su generoso planteamiento: ofrecer la presidencia regional del PP a todo el que se pueda prestar a ello, demuestra la importancia que Delgado ha dado siempre a su partido y su estricta consideración como plataforma electoral. El modelo de bicefalia que plantea sólo se ha dado en el PNV, en unas circunstancias y por unas razones históricas que nada tienen que ver con las que aquí se dan, y que, dicho sea de paso, provocó la escisión de EA. Hay quien opina que ese es precisamente el motivo por el que lo propone Delgado. No estoy de acuerdo: para el alcalde de Calvià, presidir el PP regional sólo es un inconveniente necesario para ser su candidato autonómico. Si lo puede evitar, mejor.
Y aquí reside una de las grandes paradojas de esta historia: la pintoresca estrategia de alianzas trazada por Delgado entra en flagrante contradicción con una de las columnas principales del discurso que enardece a sus más acérrimos seguidores: renovación total sin complejos, fuera todos los dinosaurios. Al parecer, lo que antes era una falta de principios ahora se ha tornado en posibilismo. Lo que antaño suponía debilidad o compadreo, la actitud tibia de los maricomplejines y las personas de dudosa lealtad al líder carismático, hoy suponen visión política a largo plazo. El ex secretario general, mejor en el partido que en Telefónica, y el ex presidente insular, mejor en el Consell que en "Los Patos". Demasiado brusco el frenazo para un conductor que siempre se ha jactado de pisar el acelerador más que nadie, alguien que considera los límites de velocidad en un partido como una rémora del pasado únicamente destinada a proteger al aparato.

El congreso que perdió seguramente le enseñó a Carlos Delgado que no se puede aspirar a presidir una organización del tamaño del Partido Popular entrando en su sede con un lanzallamas en una mano y una ametralladora en la otra. El problema para él es que el pasado es demasiado reciente. La memoria colectiva es débil, pero no tanto. Y esto lo saben todos los que en los últimos tiempos se dejan querer por Delgado tratando de llevar a Bauzá a las puertas del congreso con la espada de Damocles sobre el cuello. Existe un segundo motivo para pensar que estas danzas de apareamiento no terminarán en matrimonio: lo que se elegirá en el próximo congreso del PP balear es el candidato electoral a la presidencia de la comunidad, y los "novios" de Delgado conocen perfectamente su extraordinaria capacidad para movilizar al electorado de izquierdas, en estos momentos en estado catatónico, y su nula posibilidad de pactar ni con la UM más renovada que fuéramos capaces de imaginar, si es que sobrevive. Eso es jugar a la ruleta rusa cuando tienes posibilidades de que te toque el Gordo.

Entre tanto, el "cobarde" Bauzá cumplió su palabra convocando un congreso, sin tener la obligación legal de hacerlo, en contra de la opinión de la dirección nacional de su partido y de destacados barones regionales. Lo ha abierto a la participación de todos los militantes, en un hecho sin precedentes en ninguno de los grandes partidos en el ámbito autonómico. Se ha negado a ocupar un escaño en el Parlament y aprovecharlo políticamente antes de ese congreso. Y ha permitido afiliaciones masivas en Palma y Calvià hasta 39 días antes de la fecha del congreso. Curiosa manera de utilizar el aparato. Que le pregunten a Toni Rami cómo utiliza Delgado el suyo.
Como los cálculos no salen y los compromisos no se cierran, la última idea se aproxima a lo surrealista: una macro-encuesta telefónica entre simpatizantes… ¡con el congreso ya convocado! Pedir imposibles es perder el tiempo, y por eso hace tiempo que renuncié a la ilusión de ver un rasgo de humildad en Delgado, pero al menos cabría pedirle algo imprescindible en política: lo que los clásicos definían como recta ratio agibilium, o sea, prudencia.

(*) Publicado en el Diario de Mallorca el dia 2 de febrero de 2010

(**) J.M. Barquero es ex concejal del PP en el ajuntament de Calvià