La correcta lectura del generoso y desprendido comunicado emitido ayer por el ayuntamiento de Calvià no deja lugar a interpretaciones erróneas o confusas. Carlos Delgado y su equipo de gobierno destinan el dos por ciento de sus emolumentos y la mitad de los fastos publicitarios a mejorar su propia imagen. Se han encomendado al buen ejemplo de Esperanza Aguirre y quieren propagar tal devoción.
Las limosnas de los ricos, cuando se depositan en plaza y proyección pública, siempre parecen migajas. Sin desmerecer a nadie, no es lo mismo que pellizquen su sueldo, aunque sea de forma leve, los regidores de Calvià a que lo hagan, por ejemplo, los de Ariany. Es un simple cuestión aritmética o proporcional a partir de presupuestos irreconciliables.
Podemos reconocer el valor simbólico de la medida tomada por Carlos Delgado pero de inmediato nos protegemos con las gafas de sol de la realidad para no sucumbir bajo el efecto deslumbrante de una decisión lanzada como mero efecto escaparate, certificado por el hecho de que el propio alcalde se proponga como ejemplo a seguir. Una reacción consecuente ante la crisis, recurrente, pero cruda y real, debe ir mucho más allá del minúsculo dos por ciento. Debería invitar a separar el grano de la paja, revisar partidas de lujo y desprenderse de actuaciones y parafernalias superfluas. El respeto hacia quienes no disponen de presupuesto ni sueldo, no ya para recortar, sino para afrontar el sustento diario, exige más discreción y más solvencia en actuaciones como la del ayuntamiento de Calvià. ¿cuál es el verdadero plan de choque para que este consistorio plante cara a la dilatada crisis? ¿Dispone de escala de prioridades por afrontar? Los términos condicionales y nada comprometedores ligados a los recortes anunciados no contribuyen, ni mucho menos, a aclarar esta situación.
(*)Periodista
(**) Publicado el día 4 de julio de 2009 en el Diario de Mallorca