Leo que Aina Calvo y Andreu Ferrer, después de la denuncia de este diario, decidieron convocar el consejo rector del Instituto Municipal de Obras Viarias para que hoy fuera revocado el nombramiento que este mismo consejo realizó de Aleix Barajas Nájera como gerente del organismo. La motivación ofrecida es la falta de experiencia requerida en aplicación estricta de los estatutos apuntada por la oposición.
Veo que la oposición del PP es capaz de hacer argumentaciones legales pero no de hacerlas morales. Recuerdo las frases de doña Encarnación Pastor, consellera de Inmigración de Matas a propósito de la contratación de su sobrina: «¿Es que mi sobrina no puede trabajar? La contraté con todo mi derecho, ¡faltaba más! ¡Está preparadísima!» Mutatis mutandis, parecidas palabras fueron las pronunciadas por mamá Nájera en los pasillos del Parlament. En el fondo comparten con los socialistas la misma incapacidad para entender que se les ha puesto en el poder político para defender el interés público, no para perjudicarlo con su rapacidad. En efecto, unos y otros, y ahora quienes se columpian son los socialistas, confunden la posibilidad que les dan las leyes de contratar personas de confianza durante el limitado tiempo para el que han sido elegidos para gestionar lo público. Ya sabemos que por cercanía, la máxima confianza es con la familia, pero la contemplada por las leyes se refiere a aquella que le merece al político la preparación profesional de quien no reúne la condición de gestor público, sea o no de sus ideas políticas, para confiarle gestión publica. De esto al nepotismo con familiares y conmilitones hay un largo trecho.
Argumentan, mártires de su condición sacrificada de representantes públicos, silogismos de lo más tontos. Recuerdo que Cañellas decía algo así como que todos nos conocíamos, éramos pocos y todos teníamos parientes, y que era inevitable contratar alguno. Algo así como una cruz que los políticos debían soportar que perjudicaba su imagen. Otros, quizá Nájera, argumentaría la injusticia que podría suponer la exclusión de lo público de personas valiosísimas por su condición de parientes. A lo que se podría objetar el camino libre que se abre a estas excelencias profesionales presentándose a cuanta oposición y concurso público se convoque con jurados sin mácula, a priori, de amiguismo.
Aun después del fracaso de todas las querellas del PP interpuestas contra ella, se le ha quedado a Margarita Nájera un rostro doliente, como de víctima propiciatoria. Estoy convencido de que nada con consecuencias penales puede reprochársele, pero algunos avatares de su gestión en Calviá y algunos gestos frívolos reflejaban una cierta embriaguez de poder y dificultad de discernimiento entre lo posible y lo aconsejable. Es un peso que lastra su por otra parte exitosa carrera. Su resentimiento y su dolor le impiden calibrar el hecho de que representar a los ciudadanos y ser fiel a la virtud romana: «No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo», supone alejar a cualquier pariente próximo de las proximidades del poder. Es, sin duda, una servidumbre, pero, al menos en teoría, se está en política para eso, para servir, no para repartirse el botín. Y sigue siendo la política una actividad voluntaria. O sea, que no pretendan conmovernos con sus limitaciones, que deberían ser superiores a las del resto de ciudadanos.
Reconozcamos la capacidad de reacción de la alcaldesa en la rectificación. Censuremos su falta de valentía. Ha sido incapaz de reconocer el auténtico motivo. Se ha acogido a la literalidad estatutaria del IMOV para revocar el nombramiento. Lo revoca, pero no reconoce que lo hace porque es un escándalo de nepotismo que daña de forma irremediable su imagen; un escándalo insoportable para mucha gente que en ella había depositado muchas esperanzas; más aún después del otro escándalo del nombramiento de Cristina Ros como directora del Baluard, manchado, si no de nepotismo, sí de genuflexión. Este último no va a revocarlo. Lo ha protagonizado ella.
Y a todo eso, me dicen que Antich, vía Gina Garcías, haciéndose eco de las presiones de UM está intentando acallar la voz crítica de este periódico a base de estrangularlo económicamente. ¡Fuera publicidad institucional! ¡Fuera Fora Vila Verd! ¡Fuera prensa crítica! ¡Uau!
(*) Publicado el día 16 de febrero de 2008 en El Mundo/El Día de Baleares