EL RECAMBIO

por Ramón Aguiló (*)

 

Se han apuntado, de entrada, los nombres de Delgado, Estaràs y Rotger como candidatos a sustituir a Matas en el próximo congreso del PP. A falta de que aparezcan otros, la batalla entre ellos promete ser cruenta, sobre todo si se llega a polarizar entre los dos varones.

Difícilmente puede conjeturarse que Rosa Estaràs pueda hacerse con el mando. Y no por falta de cualidades. Es persona capaz, ambiciosa e inteligente, cualidades que requiere la política, pero es así mismo excesivamente agresiva. La campaña electoral al Consell, tan focalizada en Maria Antònia Munar, reclamando «aire fresco» y denunciando su exceso de poder y la gestión realizada, puede invalidarla para concertar futuras alianzas. Se ha incinerado a sí misma, quizá víctima de un taimado Matas que, desde hace tiempo, tenía preparada su huída de la política, merced a su política. Campo. Después de cuatro años dando soporte a UM en el Consell votándoselo todo, la honestidad y el rigor sobrevenidos, y las denuncias de la gestión y el clientelismo de Munar, por muy certeras que fueran, pudieron parecer a muchos ciudadanos un exceso de cinismo e impostura. Aun en los tiempos que corren, de politiqueo, algo de verdad debe transmitir un candidato.

Delgado aparece como el candidato de la facción más «españolista» del PP y más crítica con la gestión de Matas, especialmente por los temas educativos, el .cat y el fichaje de Janer. También de una supuesta extrema derecha anidada en el partido. Es especialmente desgraciado el hecho de que las posturas nacionalistas solamente se intenten contraponer desde el otro nacionalismo del extremo del arco político y no desde posturas no nacionalistas centradas o de izquierdas, vampirizadas estas últimas por esta ideología tan reaccionaria. Un ejemplo del estilo prepotente de este Don Pelayo de Calviadonga, puesto en evidencia en la displicencia con la que trata a sus rivales políticos, lo constituye la contratación de 40 asesores y el sueldo de 90.000 euros -15 millones de pesetas- que se ha asignado. Más que los presidentes de Gobierno y de Baleares. Ahí va otro sin complejos, o sin manías. Lo más deplorable, como siempre, son las explicaciones: «un salario justo», «para dignificar la política», «remunerar la entrega», «sueldos del mercado». Produce rubor recordar que la dedicación a la política es voluntaria, debería ser un honor, no una profesión, y que no existe un mercado de políticos, sino un numerus clausus impuesto a la ciudadanía. Simple desmesura. Esto de que los políticos tengan que estar bien retribuidos para que no caigan en la tentación es tanto como poner precio a la honestidad. El corrupto lo es independientemente de que cobre mucho o poco. La política debería ser la actividad donde algunos de los que hubieran resuelto sus problemas personales pudieran dedicarse a resolver los problemas de la comunidad. La entrega, como el cariño verdadero, no se remunera con pasta. A lo más se reconoce mediante una placa, una estatua o, lo más importante, con el buen recuerdo, la fama. Si creen que es escaso el sueldo en comparación con el mercado libre de directivos y gestores, y poco gratificante el servicio público, ¿a qué esperan para dirigirse a la empresa privada a rentabilizar sus reclamadas dotes?

Rotger es, de los que atienden al disparo de salida, el que mejor imagen pública ofrece. Quizá le perjudique el rollo éste del .cat, y su proximidad al nacionalismo, pero parece persona dialogante, capaz de establecer puentes con todo el mundo, y, dejando aparte algunos asuntillos electoralistas no parece que exista mucha distancia entre lo que dice y lo que hace. No desvía los ojos al hablar con su interlocutor y aparenta sinceridad. Tiene los votos de sus conciudadanos. Admiro su capacidad de gran equilibrista para, en medio de las mayores zozobras, caer de pie, sin despeinarse, elegante como Cary Grant, abrocharse el botón central de la americana y dedicarse a lo suyo, a seducir al personal. Puestos a elegir, entre dirigentes lloronas y/o agresivas como Cirer y Estaràs o centuriones que avisan batallas como Delgado, sería preferible, en beneficio de todos, una persona que sepa vestir un traje, un civilizado. Como Rotger, por ejemplo.

 

(*) Publicado en El Mundo/El Día de Baleares el día 29 de junio de 2007