Tal como anda el cotarro, que dimita una autoridad municipal implicada en asuntos en los que aparece el tufillo del trato de favor urbanístico no sorprenderá a nadie. De hecho, lo sorprendente es que al beneficiario de tal cargo público se le dé la oportunidad de irse en lugar de proceder a destituirlo, sin más.
Pero en el caso de Calvià que recoge hoy este diario las sorpresas van más allá. Si no he entendido mal la historia, que a lo mejor sí, el teniente de alcalde de Urbanismo y Medio Ambiente de ese municipio situado a poniente de Ciutat ha decidió abandonar su despacho no por mala conciencia ni por dolor de corazón alguno sino, cito textualmente, a causa de la "utilización que de esta situación han realizado el PSOE de Calvià y algunos medios de comunicación". De hecho, antes de que se resolviese la crisis mediante la salida del protagonista de la regiduría que decide las cuestiones del urbanismo, la plana mayor del ayuntamiento de Calvià estuvo examinando la concesión de adjudicaciones municipales a la empresa del hermano del teniente de alcalde dimitido con el resultado-sigue la cita textual- de que "no hay nada ilegal" en ellas. Pero, siendo así, ¿a qué viene semejante desenlace?
Si la oposición de Calvià ha metido la pata, y las adjudicaciones fueron del todo correctas, el equipo de gobierno del ayuntamiento cuenta con una baza electoral excelente. Pero el problema puede que sea tal vez que la normativa es un tanto ambigua y traza límites más bien confusos entre lo que es legal porque no se dice nada al respecto y lo que es reprochable en la medida en que beneficia intereses particulares de quienes deciden las adjudicaciones. Porque, a tal respecto -y si atendemos esta segunda línea de argumentos- tanto da que el departamento de Urbanismo y Medio Ambiente interviniera o no en la adjudicación de mobiliario. En las operaciones estaba implicado en cualquier caso el hermano de un teniente de alcalde.
Siempre que eso dé igual, es decir, si entendemos que las relaciones de parentesco no conducen al nepotismo -ni a la sospecha siquiera de que exista- y si los negocios y la política sólo coliden cuando se trata de la misma persona y no de un familiar cercano, bueno es que se proclame no sólo en virtud de los agujeros legales sino a los cuatro vientos, como modelo a seguir en adelante. Sin embargo no parece que lo sucedido en Calvià dé lugar a una mano tan ancha. Ya digo: de pisar tierra firme, el partido en el gobierno municipal tendría buena parte de la campaña electoral hecha. Y si, por el contrario, hubiese constancia de que se ha entrado en aguas turbulentas, lo suyo habría sido proceder al cese fulminante.
La dimisión del teniente de alcalde de Urbanismo, pues, parece una estrategia un tanto incómoda. Los opositores la tomarán como una victoria no sólo moral; de hecho verán en ella la demostración por pasiva de que aquí hay gato encerrado. El alcalde, por su parte, no podrá esgrimirla como un gesto de firmeza en el supuesto de que las irregularidades se confirmen. Habría hecho falta algo más para lograr tal efecto. Y si, a la postre, resulta que sobre el dimitido han caído sospechas no justificadas, entonces la víctima es él y su salida del gobierno de Calvià, un sacrificio inútil. Mal negocio, en todos los casos. |