Contra la indecencia, democracia

por Antoni Manchado Lozano (*)

Si algo desgraciadamente caracteriza el debate político en los últimos meses, es la imagen de un concejal de urbanismo o alcalde, recibiendo prebendas, regalos o dinero por recalificar suelo o por mirar hacia otro lado en casos de construcciones ilegales. Marbella y la corrupción demostrada, por fin, en su gestión urbanística por el partido de Jesús Gil, ha sido el detonante de una explosión de repercusión no calculada, que ha acabado minando la confianza que la ciudadanía tiene en los políticos locales, hasta ahora los más próximos y, por tanto, los más respetados. De nada vale decir que son normalmente los políticos independientes, de ideología difusa, pero de derechas, los más proclives a cometer desmanes con los permisos y recalificaciones. De nada sirve, de cara a la ciudadanía, alzar la voz para decir que la mayoría de alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas, son honrados y que una minoría de delincuentes no puede ensombrecer el prestigio de todos los que nos dedicamos a gestionar los intereses públicos.

Ante este estado de cosas, es necesario reaccionar hablando y actuando. Desgraciadamente en Calvià estamos viviendo una situación de indecencia por parte del alcalde del PP y de algunos de sus concejales. En los últimos tres años se han hecho modificaciones de planeamiento muy sesgadas hacia determinados intereses privados, coincidentes siempre con los de algunos amigos del alcalde. También se está en una política de enajenación de suelo público para poder efectuar determinadas operaciones de adquisición y permuta de solares a propietarios privados para ejecutar infraestructuras públicas, de indudable interés social, pero sin demostrar que los procesos inmobiliarios de compra venta sean necesarios, y, sobre todo, con la aparición en esos procesos de determinadas personas con -digamos- intereses "cercanos" al alcalde o al partido que representa.

Tampoco es el nuestro, el único municipio de la isla en el que pasan cosas como éstas: Andratx, Santa Margarita, Campos y Llucmajor son ejemplos que los ciudadanos ponen al hablar de "cosas raras", "corruptelas" o "corrupción", sin más eufemismos. Ante todo esto, me tienta decir que todos son políticos del PP y acusar a ese partido de ser el máximo promotor de esas actividades, dado que es el que mejor representa los intereses de los otros promotores, los inmobiliarios, y terminar mi discurso. Pero eso es, precisamente, lo que harían Zaplana, Acebes o alguno de sus más destacados imitadores en esta isla, y yo no lo soy. Sé que hay algunos alcaldes y concejales de mi partido y de otros, en España, que han andado por los caminos de la poca vergüenza y de la corrupción.



El PSIB-PSOE ha reaccionado y presentado en el Parlament de les Illes Balears propuestas a favor de la transparencia patrimonial de los cargos públicos electos y no electos. Ahora es la hora de los municipios y de aplicar medidas que clarifiquen eso. Pero, además, en un mundo en el que la participación de la ciudadanía en los procesos de toma de decisión política debe ser mejorada, para que se incremente la calidad de la democracia, me gustaría poder aproximarme a las medidas que se podrían implementar en los Ajuntaments, para que la participación sea la garantía de la decencia política, que significa, en la acepción en la que la uso, honestidad, dignidad en los actos y las palabras,? Creo que la mejor manera de que la ciudadanía confíe en nosotros, los políticos locales, es darle presencia en los foros en los que, presuntamente, más puede mercadearse con sus intereses. Esa es la esencia de las ideas que propondremos para Calvià y que, estamos seguros, serán asumidas por mis compañeras y compañeros en otros municipios. Así pues contra la indecencia, participación ciudadana de verdad, de la buena. Que es lo mismo que decir que contra la indecencia, democracia.

En esta línea y con este objetivo de transparencia, propongo y me comprometo a:

Primero, modificar el estatuto del Defensor/a del ciudadano de Calvià, para incluir entre sus funciones la de vehicular la participación ciudadana en las decisiones más susceptibles de llevar aparejado un rendimiento inmobiliario privado. Así, en los procesos de toma de decisión de cuestiones urbanísticas de calado, como recalificaciones, reordenaciones, planes parciales, etc, los ciudadanos que voluntariamente quieran, podrán participar de manera activa, asesorados por la oficina del Defensor/a del ciudadano, que será la responsable de organizar esa participación, desde el inicio del trámite administrativo y hasta la toma de decisión final. Creo que ese mecanismo garantizará la transparencia máxima, dado que los ciudadanos que participen en esos procesos, tendrán acceso a todos los documentos del expediente administrativo, a todos los funcionarios que hayan participado en él, y a todos los políticos responsables de la toma de decisión, y lo harán además con la asesoría de profesionales dependientes de la oficina del Defensor del Ciudadano.



Segundo, crearemos un Comité Ciudadano de Honor, constituido por un grupo de 5 personas, elegidas por unanimidad y consenso entre todos los grupos políticos presentes en el Pleno, que conocerá y custodiará los datos patrimoniales, y sus variaciones, de los concejales y cargos públicos no electos del gobierno municipal desde el año 2007, en que se inicie la legislatura, hasta el año en que cada uno de nosotros abandonemos el Ajuntament. Y, por razones obvias, nos comprometeremos a seguir presentando nuestros datos de patrimonio durante los cuatro años siguientes a nuestro cese. Así, ese Comité de Honor, podrá conocer y denunciar públicamente y a la justicia, aquellas variaciones presuntamente ilícitas, de cualquiera de nosotros, político o alto funcionario.

Sólo con iniciativas de control democrático contundentes podremos reestablecer en la ciudadanía la confianza en los políticos locales, tan maltrecha en estos días. No le demos la culpa al encerado, la culpa de la desilusión ciudadana y del despego por la política es únicamente nuestra, y debemos hacer algo para restaurar nuestra imagen. Propongo regenerar la ética política.

(*) Antoni Manchado Lozano es candidato a la alcaldia por el PSOE de Calvià