La brisa del mar me alivia el calor sofocante de este verano, alzo la vista y contemplo un mar azul, un mar que a lo largo del día va cambiando los tonos entre verde y azul. Desde este lugar tranquilo de la Isla, cuyo nombre no pienso nombrar, y en ese estado en que uno no sabe si duerme o no, con un libro en las manos y un GIN TONIC, me han venido a la mente las imágenes de la otra Mallorca en plena efervescencia turística, las playas repletas a rebosar de turistas al sol quemándose la piel y las neuronas muertas con tanta cerveza entre pecho y espalda.
Tiendas, bares, cafeterías, salas de fiesta, discotecas, todos rifándose al turista, todos queriendo exprimir al máximo a unos turistas cada día con menos poder económico… al fondo una voz en la playa: ¡ fanta, lemon, coca cola! y los empresarios locos para que la policía actué.
Los artesanos que no son artesanos, los africanos que viven de lo que pueden, los tiqueteros, la venta ambulante, un cuerpo que se pone a la venta… la noche, las borracheras, el sexo, peleas y ¡happy hour! y todo vale para conseguir hasta el último céntimo de euro… y los empresarios suspirando por llegar a final de temporada con un resultado económico lo menos malo posible.
Obras por todas partes, políticos que ya ven las elecciones a la vuelta de la esquina, carreteras saturadas, el fiscal encargado de perseguir los delitos contra la ordenación del territorio y urbanísticos con trabajo atrasado, una mano lava la otra, políticos que hablan más de negocios que del bienestar de los ciudadanos… y los empresarios temblando ante la perspectivas de un futuro incierto…
Abro un ojo y que bienestar vuelvo a ver el mar, el libro encima de mis rodillas y un GIN TONIC aguado por lo que eran cubitos de hielo. Me levanto de mi confortable tumbona, me preparo una nueva bebida, vuelvo a la lectura y se me escapa una sonrisa de alivio porque aún existe este lugar.
D. El libro que estoy devorando es la “Misteriosa llama de la reina Loana ” de Umberto Eco, lo recomiendo.