El legislador debe tener en cuenta diversos factores cuando emprende la tarea de adentrarse en los complicados mecanismos legislativos, tiene que tener en cuenta la trascendencia social de la medida, los beneficios y derechos colectivos e individuales, y debe tener en cuenta los aspectos socio-económicos y culturales que rodean a la cuestión.
Con la Ley 28/2005 de 26 de diciembre la Señora Ministra tan solo ha tenido en cuenta un supuesto: el coste sanitario que supone a las arcas del Estado las personas fumadoras, y de ahí se deriva la motivación “in voce” que es la de salvaguardar la salud de fumadores y no fumadores.
Prohibir en una sociedad como la nuestra siempre es complicado, pero con temas que forman parte de nuestra cultura y costumbres es aún más complicado y no es por la vía de la imposición y de la sanción por la que se consiguen los objetivos. Además los españoles tenemos y en eso todos coincidimos una cierta alergia a las prohibiciones que afectan a la esfera individual (estamos predispuestos a su incumplimiento continuado).
Se puede acotar la libertad individual cuando hay terceros afectados, y en esa cuestión todos estamos de acuerdo, aunque a regañadientes, y podemos y estamos de acuerdo con las medidas restrictivas de fumar en lugares vinculados con la Administración, la Sanidad, la Educación, las empresas, establecimientos comerciales y recintos públicos.
Pero Señora Ministra su error esta en llegar mas allá y forzar una ley, que no se cumple y no se cumplirá en los extremos en los que ha sido redactada, que afecta a la esfera privada, a la distribución comercial y a los establecimientos que forman parte de la cultura del tabaco (entre ellos los bares, cafeterías y restaurantes). Estas imposiciones al final llevan a la insumisión de una sociedad, que vive en su mayoría en situaciones personales de inseguridad en lo laboral o de insatisfacción y fatiga por un mundo que nos obliga a una lucha continua por la supervivencia económica y por mantener unos estándares de vida acordes con nuestra área geográfica y económica.
Señora Ministra debe reflexionar y rectificar, no pasa nada, se lo vamos a perdonar por su sin duda buena fe en el tema, por querer salvarnos de atroces enfermedades y de una muerte prematura, pero estamos también un poco hartos de MAESTROS y MAESTRILLOS que quieren incluso decirnos como vivir y morir, y estas dos cuestiones Señora Ministra son exclusivas de la parcela personal de cada individuo.
También, Señora Ministra, debemos recordarle que lo del tabaco es lo fácil, pero con lo complicado ni entra:
Contaminación física y química medioambiental por causas perfectamente conocidas y con soluciones previstas en los ámbitos científicos (muy caras y con un coste en la economía insoportable).
Marco laboral cada vez más competitivo e inseguro, con jornadas y con una temporalidad que entre otras cuestiones produce vejez prematura y por ende un sinfín de enfermedades profesionales asociadas y una muerte prematura.
Unos productos alimenticios con más conservantes y aditivos, que convierten en un galimatías incomprensible para la mayoría de la población no ya saber que son sino las consecuencias de su ingestión.
Escasos recursos económicos para las familias que provocan desestructuración familiar y fracaso escolar, los miembros de la familia deben trabajar y con horarios que no permiten la conciliación familiar. Estas situaciones producen absentismo laboral, cultura callejera y pandillera, jóvenes sin preparación y tentados por el consumo de sustancias prohibidas, maltratos a mujeres y niños… al final enfermedades psicosomáticas y conductas asóciales.
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Señora Ministra la lista podría ser muy extensa y los artículos tienen sus limitaciones de espacio, pero estoy seguro que entiende mi planteamiento. Le pido que sea generosa, condescendiente como Madre con sus hijos y nos deje disfrutar de pequeños placeres que con moderación al contrario de su opinión nos alargan, sino la vida, si la felicidad, y vida sin felicidad no es vida.
Deje nuestros ámbitos personales tranquilos, permita que los locales de ocio adecuen sus instalaciones para la extracción de los humos (es posible técnicamente mantener limpio el aire), permita la distribución comercial como ha sido siempre y no intente arruinar a miles de familias (pueden enfermar y morir) a cambio de que unos pocos negocios se hagan “euromillonarios”.
La ley no solo no ha solucionado el problema, sino que lo ha acrecentado al generar desigualdades comerciales, ningún país Europeo ha intervenido en la distribución o venta del tabaco a pesar de legislaciones mucho más duras como la de Irlanda o Italia. No es bueno el Intervencionismo comercial y económico, y a los ciudadanos españoles nos repele mucho más el intervencionismo en la esfera de lo privado .
Los reglamentos que han de desarrollar la Ley y han de ser realizados por las Comunidades Autónomas pueden ser un buen instrumento para arreglar los parches de la Ley Estatal.
(*)Enric Molina es Secretario ACOTUR (Asociación Comercio y Empresas de Servicios Turísticos de Mallorca )