EL DIARIO DE MALLORCA Y EL TRANSFUGUISMO

por Antonio Alemany Descallar (*)

Empecemos por las impertinencias. Primera impertinencia: la sentencia de la juez de Primera Instancia que absuelve a Joan Thomàs de tener que pagar no sé cuántos millones por irse de UM no crea jurisprudencia: la jurisprudencia la crea el Supremo y cuando se producen dos sentencias sustancialmente idénticas sobre una misma cuestión. Es imperdonable que en un editorial -la opinión del periódico- se cometan estos fallos. Segunda impertinencia: este periódico y mi persona son menos afines al PP y al Ayuntamiento de Calvià que el Diario de Mallorca respecto a los socialistas y UM. Y no envenenemos más el asunto en el que, desde luego y lo anticipo, no saldrá ganado el DM.

Bien, me encantaría debatir con mis colegas del DM sobre un asunto tan sugerente como es el mandato imperativo, la representación política, la conciencia personal, la estructura interna de los partidos, la disciplina de partido, derecho y usos comparados en el mundo occidental, cuestiones todas ellas capitales en una democracia. Me temo sin embargo que, por falta de musculatura dialéctica de mis oponentes y a la vista de lo que escriben sobre el particular, este debate no sea posible.

En el totum revolutum del editorial que escribía el DM el pasado domingo no he acertado a extraer conclusión alguna sobre lo que piensa este periódico. No sé si está a favor del mandato imperativo -me da la impresión que sí- de si está a favor legalmente (¡!) pero no moralmente (¡!), de si está a favor y en contra a la vez y de si las soluciones que propone para evitar el transfuguismo suponen reformar la Constitución, introducir el mandato que liga al representante, no con los representados, sino con el partido e instaurar la partitocracia pura y dura que reduciría de hecho la vida parlamentaria a una reunión de los portavoces de los grupos parlamentarios y punto. Como tampoco -me temo que no lo sepan- analizan los del DM la legislación comparada en la materia y lo que ocurre con el continuo transfugueo en las votaciones de las democracias más adelantadas del mundo, no puedo saber si esta fobia furiosa contra la libertad de conciencia del diputado o concejal tiene que ver con apriorismos más bien poco democráticos o, sencillamente, es fruto de la ignorancia.

Sólo una grosera y torpe interpretación de lo que se ha publicado en este periódico sobre el c aso Thomàs puede aventurar que son posicionamientos a favor del transfuguismo. Nadie medianamente sensato está a favor del transfuguismo cuando se produce mediando dineros o intereses espúreos. Todo lo cual no obsta para que, una vez sentado el anterior principio, no se contextualice la libertad de conciencia en el doble ámbito de lo legal y lo moral que, cuando coinciden, dan lugar a esto que se llama legitimidad.

¿Era legítimo el voto de Thomàs y su pase al grupo mixto en el contexto en que se produjo? Personalmente, me tomé la molestia de analizar los antecedentes del caso, los comportamientos y actitudes de los sujetos concernidos - Munar , UM, Serra y Thomàs- las circunstancias concurrentes y, sobre todo, la naturaleza del objeto litigioso que provocó la indisciplina de Thomàs respecto a su partido. Una vez considerados todos estos aspectos había que decidir en qué supuesto de tránsfuga era subsumible el caso, si en el de tránsfuga honorable y obligado o en el de tránsfuga indecente y vendido. Comprendo que a mentes unidireccionales este proceso intelectual tan parecido a la función jurisdiccional del juez les resulte inasumible. Y, sin embargo, cuando se opina responsablemente desde el periódico, se sentencia y, cuando se sentencia, el iter que nos conduce al fallo debe ser seguido en toda su complejidad.

Personal y honestamente llegué a la conclusión de que Thomàs no sólo había hecho lo que debía, sino que era ética y políticamente obligado que hiciera lo que hizo. Por estas razones:

Primera.- El sujeto del disenso era la recepción de una urbanización -11.000 personas- que llevava muchos años sin ser recepcionada por la simple real gana de Nájera . A 11.000 ciudadanos se les estaba estafando.

Segunda.- El precio por la recepción era muy ventajoso para el Ayuntamiento como reconoció el técnico puesto por UM en la comisión negociadora y todos los que lo analizaron.

Tercera.- UM apoyó con fervor esta recepción, como consta fehacientemente en documentos varios. La apoyaba con tanto entusiasmo que se dirigía a los ciudadanos de Calvià recabando para sí la autoría e impulso de la recepción.

Cuarta.- Ocurre entonces el pelotazo abortado de Son Massot y el posicionamieto crítico de los promotores de la urbanización a recepcionar. Esto, y nada más que esto, junto con las órdenes de Pedro Serra , es lo que provoca el giro de 180 grados en la actitud de UM que, de repente y sin motivación alguna, cambia de criterio y se opone.

Quinta: sólo una torticera concepción de la disciplina de partido puede aceptar que las conciencias y criterios de los concejales se pueden manejar en función de los caprichos e intereses personales de dos personas como Pedro Serra y Munar, cuya catadura moral es, por lo menos, discutible.

Y, sexta: teniendo en cuenta los 11.000 ciudadanos injustamente tratados desde hacía años, la solución razonable y acordada por la mayoría municipal, los juicios emitidos por la propia UM y sus representantes técnicos y, sobre todo, la causa que está en el origen del cambio de opinion de Munar y Serra, Thomàs hizo lo que debía hacer, lo que hubieran hecho diputados tories y laboristas en Gran Bretaña, senadores republicanos y demócratas en los USA. Y si encima no consta ni hay prueba ni siquiera indicios de que haya mediado precio para que Thomàs rompiera la disciplina de partido y dejara en la estacada a 11.000 vecinos de Calvià, la conclusión, a mi juicio al menos, es aplastante: quién faltó a la ética, a sus compromisos con los electores, al respeto de sus concejales, fueron Unió Mallorquina y Maria Antònia Munar. Ellos fueron los tránsfugas los que prostituyeron la democracia por no haber podido dar el pelotazo de Son Massot.

(*) Publicado en El Mundo / El Día de Baleares el día 9 de mayo de 2006