| Hoy es, por lo que hace al caso Calvià 05, un día en particular interesante. El ayuntamiento del que fue en su día municipio más rico de España -y tampoco puede decirse que ande ahora entre los más pobres- ha de debatir una moción presentada por el Partido Socialista en la que se condena de forma clara y explícita la operación de transfuguismo que nos lleva entretenidos desde hace meses.
Como se sabe, el episodio actual del Calvià 05, capítulo que nadie se atreve a numerar, pasa por el acuerdo con cláusulas misteriosas gracias al cual el Partido Popular y Unió Mallorquina pueden mantener -por el momento- su pacto político. En estricta aplicación de la letra de ese acuerdo que tan difícil fue de obtener, será hoy el teniente de alcalde y único concejal de UM, don Isidre Cañellas, quien presida el pleno en ausencia del alcalde de verdad, don Carlos Delgado. Pero esa tarea sólo añade un punto más de morbo a una sesión que se vaticina ya bien cargada de él.
La moción contra el transfuguismo del PSOE no es otra que la que ya se aprobó en el Consell de Mallorca, y por unanimidad encima. Eso quiere decir que, si las instituciones que nos administran estuviesen formadas por personas consecuentes, no tiene sentido sospechar que en Calvià pueda suceder otra cosa. De hecho, esa consecuencia convertiría en inútil la reiteración de algo que PP, PSOE y UM dieron por bueno hace muy poco. Pero ni la moción que se discute hoy en Calvià es trivial, ni su destino queda por el momento claro. Ya sé que eso lleva a concluir que lo que sucede es que nuestras autoridades municipales y concejales -si hay que llamar así a las del Consell- no son consecuentes. Pero la culpa de semejante salida no es mía; es de los silogismos y de la lógica de enunciados.
Si UM, es decir, el señor Cañellas vota como le pide el cuerpo, como establece la línea oficial de su partido y como parece exigir el hecho de que la operación de transfuguismo haya sido en detrimento del capital político de ese partido, entonces la moción triunfará. Incluso si el Partido Popular vota en contra, cosa que llevaría a la primera ruptura del pacto recién revalidado.
La moción también puede ser aprobada por unanimidad, como en el Consell de Mallorca, pero en ese caso sería el alcalde ausente el que quedase en pésimo lugar como protagonista de una sonora derrota. Y también puede suceder por último -dejando de lado la posibilidad de que los socialistas retiren su moción- que el teniente de alcalde Cañellas, dando por superior el sentido del re-pacto, vote en favor de no condenar el transfuguismo. Ésa sería la salida más interesante puestos a hablar de falta de consecuencia, si tenemos la historia reciente de declaraciones y movimientos políticos a mano.
Sea como fuere, el Partido Socialista, con su re-moción, pone de manifiesto la endeblez del re-pacto negociado entre PP y UM. Quod erat demonstrandum, dirían los concejales de Calvià de ser aficionados a los latinajos. Suceda lo que suceda, hay alguien que va a salir del pleno de Calvià con los pantalones a media pierna. Y a todo eso, tal vez los vecinos del lugar se pregunten si las elecciones locales y las tareas de la administración municipal incluyen entre sus deberes tantas emociones, tan sutiles maniobras políticas y tanto tiempo perdido detrás de lo que no ha dejado de ser nunca otra cosa que una historia más de pelotazos inmobiliarios.
(*) Publicado en el Diario de Mallorca el día 29 de septiembre de 2005
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