EDITORIAL (*)
Una Generosa Oferta... ¿Del Agrado De JM?

Tras la generosa oferta de Carlos Delgado, la pelota está en el alero de UM y, además, está -o debe estar- por última vez. En las formas y en el fondo, no puede darse un mejor ejemplo de corrección política y de voluntad de apaciguamiento, cosas ambas de las que no ha hecho gala UM a lo largo de esta crisis teledirigida por Serra. Salvo que lo que busque Munar sea la humillación del alcalde, su eliminación política o la excusa para romper el pacto -aparte de la muerte civil y política de Thomàs- no hay razón alguna para que esta desagradable crisis, motivada por la recta e impecable actuación de Delgado en el indecente pelotazo abortado de Son Massot, dure un día más. Los ciudadanos de Calvià empiezan a estar hartos de tanta polémica.

También el PP balear debe practicar una necesaria reflexión sobre cómo ha gestionado esta crisis que ha conseguido convertirla en suya cuando era, única y exclusivamente, de UM. La innecesaria sumisión a Munar, reiterada una y otra vez por destacados dirigentes populares , la torpeza conminativa conm que se ha tratado al alcalde de Calvià por haberse comportado con rectitud y el haberse sometido al dictado de una prensa que planteaba sistemáticamente el conflicto como un enfrentamiento entre Matas y Delgado para provocar un acto de fuerza del primero, ha causado, absurdamente, una seria división entre los votantes y militantes del PP o, para ser exactos, más que una división, una casi unanimidad a favor del alcalde de Calvià. El riesgo de fractura ha sido real y serio y la hipótesis de que se puedan producir más casos como la crisis de Calvià -lo de Manacor es significativo y no único- debería alertar, de cara al presente y al futuro, a ponderar las relaciones de poder con su socio UM en términos de lealtad y en unos términos que reflejen la distinta representatividad de los dos partidos.

La hipótesis de que, por encima de cualquier otra consideración y aunque supusiera pisotear principios y dignidades, había que mantener los pactos con UM en previsión a lo que pudieran deparar las urnas en el futuro, sería argumento aceptable siempre dentro de los límites de la decencia, de la dignidad y el sentido común. En este sentido, deberían analizar la soberbia lección de las elecciones alemanas, donde el equivalente «bisagra» de UM en Alemania -el Partido Liberal- no ha obtenido los suficientes votos como para ejercer su tradicional función arbitral que consagra el gobierno de unos o de otros.

Con ello quiere decirse que lo de Calvià, si no se resuelve satisfactoriamente de una vez, puede acabar provocando una futura abstención de castigo -que se ha insinuado ya a nivel de votantes llanos- que podría reeditar lo que ocurrió cuando las DOT enviaron al PP a la oposición y sin que los votos de UM puedan ser suficientes -como en el caso del Partido Liberal- para compensar la deserción de votantes. Dicho con otras palabras: el principal activo del PP es su clientela, no UM, y a esta clientela es a la que hay que cuidar.

Ahora tan sólo queda conocer qué piensa sobre la generosa oferta de la Junta Local de Calvià la cúpula un PP que ayer por la tarde permaneció mudita, como si la historia no fuera con ella. Y Carlos Delgado, ética y moralmente un héroe para miles de ciudadanos, debe hacer todo lo posible para conjugar su posición con la de su partido si persistieran las diferencias. Además de decente debe demostrar que es un buen estratega y un largoplacista. Tanto el PP como él deben sopesar seriamente una verdad como un templo: si nuestro corajudo protagonista acaba expulsado del partido, todos pierden... menos Serra y su socia Maria Antònia Munar.

(*) Publicado en El Mundo / El Día de Baleares el día 21 de septiembre de 2005