Matas no controla a Delgado

MATÍAS VALLÉS (*)

 


E mpezando por los materiales y métodos utilizados en la confección de este análisis, seguí íntegra y atentamente en primera fila el pleno de Calvià sobre la recepción de una urbanización de Nigorra, contra la voluntad de Pedro Serra canalizada a través de sus socios de Unió Mallorquina (tres horas). Un mes después, me encerré con Joan Thomàs, el bullidor zascandil -enredador- a que ha recurrido el PP para satisfacer los deseos de un latifundista del municipio (dos horas).
Tras escuchar entre bostezos los especiosos argumentos a favor y en contra de la recepción, se llega a tres conclusiones. Primero, el asunto de la urbanización en sí es baladí, y el inflamado PSOE de Calvià ha aprobado sin pestañear maniobras más sonrojantes. Segundo, la negativa a la Nova Santa Ponça de los Nigorra era la revancha a la negativa de Son Massot, tal como estuvo a punto de preguntarle el fiscal Ladislao Roig a Joan Thomás, aunque finalmente no formuló la cuestión. Tercero, el poder que Pedro Serra nunca tuvo -aunque le fue brindado y blindado por el colectivo de los políticos más mediocres de Europa, encabezados por Matas y Antich-, encima se ha resquebrajado y se ha difuminado espectacularmente, lo cual entraña sin duda un alivio para la sociedad mallorquina.
La resituación de seres cómicos en el plano humorístico que nunca debieron abandonar posee una relevancia sociológica, y se ha logrado sin participación de la izquierda, que penará esa deshonra. Carlos Delgado pasará a la historia como el primer político que gritó que el reyezuelo está desnudo. Esta valentía -por mucho que cueste atribuirle esa virtud al alcalde de Calvià- se transmite a los actuales apuros de Matas, para que su subalterno descabece al correoso pero incómodo Thomàs. Nos hallamos ante un chisgarabís escurridizo dispuesto a exprimir sus quince minutos de gloria, pero conviene recordar que, su distancia intelectual con el presidente de la comunidad, equivale a la que existe entre el lateral derecho y el lateral izquierdo de un equipo de fútbol.
En la crónica sobre el pleno de Calvià, no me atreví a consignar un cuarto factor nacido de la observación, porque siempre nos resistimos a que la realidad derrote a nuestros prejuicios. Delgado ofreció en la sesión una inusitada imagen de solidez, que ha refrendado en declaraciones posteriores. Le hizo el trabajo sucio a los Nigorra -aliándose con un concejal que estuvo a punto de derribarlo en una moción de censura-, pero de repente ha adquirido algo parecido a una personalidad. Además, una porción significativa del PP no es tan generosa o pusilánime como Matas, y no olvida el entusiasta alineamiento de Serra con el Pacto de Progreso, que encima se lo creyó.
La historia nos alerta sobre la súbita erupción de los personajes menores, como este yo Claudio tartamudeante que, desde Calvià, le ha plantado un órdago a la cúpula de su partido. Matas, que siempre encuentra embarazosas las situaciones en las que no tiene que mentir, aprovechó ayer tarde para no decir la verdad sobre la ausencia del alcalde en el comité ejecutivo. Si le obliga a destituir a Thomás, que sigue siendo lo más probable, el president se coloca a las órdenes, no sólo económicas, de Pedro Serra, y desaira las instrucciones de Pedro J.
Hay demasiados tiburones en la piscina de Calvià. El PP comprueba que las querellas intestinas son más cruentas que las batallas con una oposición exangüe. Para compensar la ejecución del concejal, Matas tendrá que volver a recibir a Pedro J. en el Consolat, y pedirle más disculpas. En cuanto a Balears, deberá plantearse si puede pagar tantas facturas.

(*) Publicado en el Diario de Mallorca el día 3 de septiembre de 2005