| Calvià vive una situación política insoportable para cualquier demócrata, soporífera, tanto o más, que esas olas de calor que han hecho cola, número en mano, este tórrido verano. Y mientras algunos que se hacen llamar políticos sacan pecho mostrando sus desvergüenzas, coincidiendo con este mismo verano de 2005, están, como siempre, los ciudadanos y ciudadanas de nuestro municipio, dedicando su tiempo a trabajar para atender lo mejor posible a los turistas que nos visitan y que constituyen nuestro modo de vida. Todos, en Calvià, estamos este verano preocupados por la ocupación de los hoteles, por el todo incluido, por el tipo de turistas que vienen o vendrán, en fin, por las cosas de la vida diaria, por las que afectan a la economía de todos, que, al final, es la doméstica de cada familia. En esas estamos cuando los malos políticos, los usurpadores de la "cosa pública", han decidido aliarse con los intereses del mal empresario, y provocar en nuestro pueblo un malestar ciudadano, una mala prensa, una pésima y cutre imagen, que se superpone a la lucha diaria por el trabajo y por el futuro de los de siempre, de los ciudadanos.
Me gustaría dejar de lado, pero no tanto, lo que ha hecho el PP y el ¿alcalde? Delgado este verano. Ya lo han comentado acertadamente compañeros míos y periodistas de opinión de todos los colores, algunos con mas sintonía conmigo que otros. Me llama la atención, eso sí, que prácticamente todos los políticos que gobiernan estén de vacaciones, cuando casi todos los ciudadanos trabajan: ¿alejamiento de la realidad ciudadana?, no sé, pero me extraña: Delgado, Matas, el conseller de Turismo, casi todos los concejales y concejalas de Calvià, de vacaciones. En un verano además, en el que se confirman los peores augurios, demostrándonos que el modelo turístico del PP es el enemigo público número uno del empleo y de la creación de riqueza en Calvià. Efectivamente, el crecimiento de la comunidad autónoma sólo se sostiene por la construcción -pan para hoy-, que va a ser el verdugo del turismo de hostelería por el que optamos los socialistas, y que es el único que puede mantener la sostenibilidad de nuestro sistema económico, social y cultural.
Lo peor que ha hecho el ¿alcalde? Delgado hasta ahora no ha sido, y perdón, su trastada antidemocrática, su aventura amorosa de verano con un tránsfuga llamado Thomàs, lo peor ha sido pasar olímpicamente de los auténticos problemas de 40.000 residentes y dedicarse en cuerpo y alma a solucionar los de uno solo; su "jefe" Juan Nigorra. Lo peor ha sido no dedicar ni un segundo a lo importante.
Por eso creo que hoy es preferible explicar a los ciudadanos y ciudadanas de a pié que es posible otro Calvià. Un Calvià en el que haya dinero público para lo importante, para las escoletes municipales y no solo el gratis total en aquella a la que van los hijos del alcalde, un municipio donde no baje espectacularmente el dinero para becas y haya para todos aquellos estudiantes que lo necesiten, que no se coloque a la vivienda en el último de los intereses municipales cuando es la primera o segunda de las necesidades e inquietudes ciudadanas, donde no se regale dinero público a los especuladores.
En ese otro Calvià, posible, es en el que creo y por el que lucho. Creo, por ejemplo, que abandonar el Turismo es un error garrafal, los planes permisivos del Govern con el "todo incluido" son negativos para el sector de la hostelería. Estoy convencido de que los comerciantes y otros agentes de la oferta complementaria tienen razón al denunciar la poca o nula dedicación a sus problemas por parte de los gestores municipales y el sectarismo con el que son tratados. Mientras el PP recortaba los gastos en promoción turística un 40 por ciento, precisamente ahora, cuando más la necesitábamos, el ¿alcalde? Delgado estaba de vacaciones. En Calvià, el Turismo debe ser la principal de las preocupaciones y actividades políticas, porque de él vivimos todos de una u otra forma. Debemos conseguir un Calvià donde el invierno pasado se haya trabajado el invierno que viene. Es imprescindible y urgente tramar alianzas con las asociaciones hoteleras y con los sindicatos para que exista un invierno turístico y los veranos mejoren, y no sólo llamarles para que firmen adhesiones incondicionales a proyectos tan poco fiables como el promotor, el ¿alcalde? Delgado.
Soy consciente de que tras la penosa imagen que han promocionado algunos con el culebrón pseudo-mafioso de este verano, es casi misión imposible convencer de la existencia de la buena política, pero permítanme un último mensaje y reflexión: no cometan ahora el error, ciudadanos y ciudadanas, de pensar que todos los políticos son iguales. Si lo hacen les habrán acabado ustedes el trabajo a los corruptores y a los corruptos. Es, en el fondo, lo que persiguen: hacerle creer a usted eso mismo, que da igual a quien vote usted, que eso no es significativo, que los que mandan van a seguir haciéndolo porque tienen el dinero y que el alcalde sólo es un capataz, y que su voluntad, la suya señor o señora votante, es comprable siempre porque sus representantes la van a vender. No, no dejen que ese mensaje les cale. Créanme si les digo que algunos políticos ni nos vendemos, ni compramos, ni somos capataces de nadie. La mayoría de los políticos no somos así, como tampoco Calvià es el ¿alcalde? Delgado, el tránsfuga Thomás o el resultado de encuestas realizadas en Santanyí sobre la política y los políticos calvianers, no, Calvià somos todos y todos ni actuamos ni somos así, por eso y aunque ya suene a tópico, no me cansaré de repetir que otro Calvià sí es posible.
(*) Publicado en el Diario de Mallorca el día 26 de agosto de 2005
(**)Antoni Manchado Lozano es portavoz Municipal Socialista en Calvià.
|