El espectáculo que se está dando en Calvià es lamentable. Ya nadie puede negar la evidencia de que desde que llegaron al poder PP y UM, Calvià sólo es noticia por las malas noticias. La última, la más "cutre", la que más nos sonroja por su descaro, la que nos empareja inevitablemente con la Marbella de Gil, ha sido el caso de transfuguismo de un concejal de UM que, para votar con el PP una decisión urbanística que beneficiaba al terrateniente y amigo de siempre del alcalde, no dudó en abandonar y traicionar al partido que le puso en las listas electorales y convertirse de esta manera en la imagen práctica definitiva de lo que significa en política y en la vida, carecer de ética y honradez, transformándose en icono local de la corrupción política.
Todos sabemos ya por qué pasan estas cosas. Aunque el irrespirable ambiente que nos rodea nos lo ponga difícil, sólo con utilizar el sentido común podremos llegar fácilmente a conclusiones. Basta con observar como también en esta ocasión se dan todas las condiciones necesarias para "cocinar" un buen caso de corrupción política. Necesitamos tener tres ingredientes: un claro beneficiario económico de una decisión municipal, lo tenemos, el urbanizador; después un partido político leal y obediente al mismo, el PP, y para finalizar el "jugo gástrico" un personaje sin escrúpulos, sumamente egocéntrico y de ambición sin límite; el tránsfuga. Ese es el sucio plato que los calvianers nos tenemos que desayunar con vergüenza todas las mañanas durante días y días en los medios de comunicación (...).
(*) Publicado en la sección Cartas al Director del Diario de Mallorca el día 24 de agosto de 2005