Examen en septiembre

SEBASTIÀ VERD (*)

 

M aria Antònia Munar se ha tomado su tiempo, pero al final ha interrumpido las vacaciones para hablar sobre la crisis abierta entre su partido y el PP en Calvià y Andratx. Lo ha hecho con toda contundencia. Ha dejado claro que lo ocurrido en Calvià supone un quebranto del pacto antitransfuguismo que el Partido Popular suscribió y, además, un grave incumplimiento del pacto firmado por el PP y UM tras las elecciones de 2003. Los populares tenían, y tienen, mayoría absoluta en el Parlament, por lo que Jaume Matas pudo haber sido presidente sólo con los votos de su partido, pero la situación era muy distinta en el Consell de Mallorca, donde UM y la izquierda podrían haber reeditado el pacte de progrés que permitió a Munar presidir la institución en las dos legislaturas anteriores.
La presidenta de UM está dispuesta a aceptar que la destitución de sus ediles en Andratx sea, en efecto, una crisis local, aunque ella misma y otros dirigentes de Unió Mallorquina hayan sostenido que tras el paso de los "independientes" al PP se esconde la "marbellización" tanto de Andratx como de Calvià, es decir un urbanismo desaforado que no se aviene -dicen- con el Plan Territorial de Mallorca que aprobó el Consell. Pero en Calvià ocurren muchas más cosas. Sin UM, el PP no habría obtenido la alcaldía. Por eso, de atenerse a la letra del pacto antitransfuguismo, Carlos Delgado no debería continuar siendo alcalde sin Unió Mallorquina.
Maria Antònia Munar lo ha dicho con rotundidad: los intentos del Partido Popular de circunscribir la crisis a la política municipal -el último, ayer mismo por parte de la vicepresidenta del Govern, Rosa Estaràs- no responden a la realidad. Matas -sentenció- debe tomar cartas en el asunto y obligar al alcalde de Calvià a que cese a Joan Thomàs, el concejal tránsfuga. Para UM es la única salida aceptable, pero Delgado ha dicho, con no menos rotundidad, que mientras él siga siendo alcalde Thomàs seguirá en sus cargos si "él quiere".

La situación está al rojo vivo. Tal vez por eso, la presidenta de UM no se anda con contemplaciones a la hora de exigir responsabilidades. A estas alturas de legislatura no teme a casi nada o, en todo caso, lo que teme es al abrazo del oso del PP, del que Calvià y Andratx son dos serias advertencias. Munar es una política experimentada en este tipo de crisis -ya sobrevivió al cercó que le tendió Cañellas cuando quiso absorber a UM- sabe que este es el peligro y procurará atajarlo con el menor coste político posible. ¿Cómo y cuándo? La cita es en septiembre.
Lo cierto es que el pacto PP-UM ha llegado tocado al ecuador de la legislatura y eso es algo que ni Maria Antònia Munar ni Jaume Matas habían considerado hace dos años. Desde UM la posición es diáfana: o se cesa al tránsfuga de Calvià y se reedita la mayoría PP-UM en el consistorio o habrá consecuencias. Y de haberlas, éstas se producirían tanto en el Consell de Mallorca como en el Parlament. En el Consell, UM debería gobernar en minoría lo que resta de legislatura o llegar a un acuerdo con la izquierda. En la cámara legislativa, el PP tiene mayoría más que suficiente, pero sólo controla un consell insular, el de las Pitiüses, y no podría aprobar los presupuestos del año que viene con la oposición de Mallorca y Menorca.

Maria Antònia Munar se negó ayer a aventurar nada. Espera -dijo- que la crisis de Calvià no tenga mayores consecuencias, pero para eso Matas debe mover sus piezas al gusto de Unió Mallorquina. El pacto PP-UM va a someterse a examen en septiembre. Sobre el resultado, Munar se niega a hacer futuribles. Dice que entre sus planes no figura entablar negociaciones con la izquierda pero dijo también a quien le preguntó por esta posibilidad que "podría ser una pregunta para octubre".

(*) Publicado el día 10 de agosto en el Diario de Mallorca