Tránsfugas

FRANCESC QUETGLAS (*) (**)

 

U n traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro. (Georges Clemenceau).

En esta comunidad nuestra, ha habido un tránsfuga que cambió la mayoría y el president en el Consell de Menorca. El tránsfuga fue colocado en una empresa pública. (Si solamente fue eso, ¡qué barato!) En otra ocasión, un Govern en minoría se instaló en una confortable mayoría también por dos duros. Ha habido transfuguismo en el Ayuntamiento de Palma... y en Calvià, ni digamos. La relación de otros municipios afectados por la plaga, aburriría.
Nuestra Comunidad podría ser, pues, referente universal en materia de tránsfugas. Pero fíjense con qué facilidad hacen que lo olvidemos. ¿Tendrá eso algo que ver que con tránsfugas en todos los niveles (concejales, consellers, diputados...) y en todas las legislaturas, casi nunca han beneficiado a otro partido más que al PP?
Hay dos clases de tránsfugas: los que se llevan el voto decisivo de una mayoría a otra (los tránsfugas llamémosles "pata negra" o, mejor "sobrassada de porc negre") y los que cambian de formación sin alterar mayorías (también llamados "serás tonto: total... para qué?"). Ambos son condenables, porque lo que tendrían que hacer los que actúan por respetables razones de conciencia es dejar el escaño del partido que los presentó, financió la campaña y movilizó a militantes y votantes para que saliera elegido. Pero el escándalo de grandes dimensiones está en el tránsfuga que cambia la mayoría. Porque ahí están los intereses. Y el dinero. Y la corrupción.
Intuyo que lo más apasionante del transfuguismo en nuestras islas siempre queda escondido. Sólo se ven algunos "indicios", que trabajados por profesionales auténticos de la lucha anticorrupción habrían llevado a muchos ante los tribunales de justicia: contratos millonarios de estudios para el Govern otorgados a personajes con dificultades para redactar más de cuatro palabras concordantes en género, número y caso. Puestos de trabajo más allá de las capacidades del tránsfuga a costa del erario público. Oportunas loterías. Familiares enchufados... Pero por lo visto se considera que estas evidencias contaminadas por la política, no deben ser investigadas. Algún alma cándida pensará que es la manera de evitar que los políticos usen la justicia para ajustar sus cuentas. Para que la justicia no pueda ser acusada de politización. ¡Vaya paradoja!: se politiza la justicia para evitar la apariencia de politización de la justicia. Y siempre sale ganando el PP. (Espero que el principio del bienpensado funcione también para evitar que alguien me lleve ante la justicia por escribir esto...)

Sólo en el caso Calvià -habrá que ir llamándole el caso Calvià 1- la valentía de un concejal socialista sacó a la luz toda la mierda de nuestro transfuguismo político-económico. Ese concejal, por cierto, se fue a vivir fuera de Mallorca y no por gusto, según confesión propia. El lenguaje sucio e indecente (no me refiero a los tacos precisamente) de las transcripciones de las cintas nos reveló cómo funciona la Mallorca mafiosa, mostrando sólo los rasgos difuminados de los verdaderos beneficiarios y con primerísimos planos de sudorosos personajes secundarios agarrándose unos a otros por los cataplines y amenazándose mutuamente con hablar...
El alma cándida pensó también que con la firma de un pacto antitransfuguismo entre los partidos, algunos tendrían por lo menos más reparo en practicarlo. Pero, ¡ca!. El PP de Calvià 1 sigue vivo.
Y aquí está el Calvià 2. Esta vez con el rostro de los beneficiarios bastante más visible. Y también la cara.
La cosa, según algunos analistas, amenaza la estabilidad de los pactos PP-UM en el Consell y los ayuntamientos. Lo dudo. Por una parte, porque, más allá de los gestos rituales, la red de intereses es lo suficientemente tupida como para no abandonar la pesca por un pequeño desgarrón. Hay demasiado pescado por ahí para dejarlo escapar. Y por otra, porque el PP ha asestado a UM la puñalada en el momento en que esta no puede ya hacer nada. UM ha engordado tanto tragándose todo el cebo que le dio el PP que ahora no cabe por la puerta de salida. Otra vez el abrazo del oso.
Para concluir: habría que poner todos los recursos judiciales del estado de derecho al servicio de la lucha contra la corrupción. ¿Hay alguien ahí?

(*) Portavoz adjunto del Grup Parlamentari Socialista en el Parlament.

(**) Publicado en el Diario de Mallorca el día 9 de agosto de 2005