La nave va
por Joan Pericás (*)
En un artículo sobre el sonado caso de Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez en la Asamblea de Madrid, el articulista José Ferrándiz Lozano echaba mano de una cita de George Clemenceau para explicar los distintos raseros utilizados a la hora de medir el fenómeno del transfuguismo. La cita dice así: «Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro, un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro». En el caso que nos ocupa el concejal de Calvià Joan Thomàs ni siquiera es un convertido para el PP, al menos de puertas a fuera, ya que la posición oficial del partido que lidera Matas no puede ser otra que la que corresponde a una formación firmante del Pacto contra el Transfuguismo, es decir, salvar el pacto con UM.
Nótese, a la luz de las palabras de Clemenceau, las dos actitudes contrapuestas de dos alcaldes del PP ante los comportamientos tránsfugas de algunos concejales de UM. Mientras el primer edil de Andratx, Eugenio Hidalgo , aduce cinco mociones votadas en su contra por las dos concejales de UM que en teoría firmó un pacto de gobierno con el PP como motivo para su fulminante destitución, el primer edil de Calvià, Carlos Delgado , se aprovecha del ramalazo robinhoodiano de Thomàs para llevar adelante la recepción de una urbanización de los Nigorra y gobernar en contra del pacto suscrito con la formación de Maria Antònia Munar .
El PP tiene un problema, sin duda, y corresponde a sus órganos de gobierno poner a cada alcalde en su sitio. Dar por buenas ambas acciones, la de Hidalgo y la Delgado, no es posible sin que el ciudadano concluya que Clemenceau acertó. La crónica política de estas últimas semanas, centrada en el episodio de Calvià, ha debilitado la imagen de todos los partidos y ha restado credibilidad no sólo a Thomàs y al alcalde sino a toda la clase política. ¿Si todo vale, qué valor tiene el mapa de representatividad que surgió de las urnas?
En defensa de estos tránsfugas de verano, debo añadir que les son aplicables ciertos atenuantes. Cuando se pertenece a una formación política minoritaria, cuya única aplicación de su corpus ideológico visible en la práctica es eso tan subjetivo de «centrar» a la derecha y a la izquierda según convenga, debe ser harto difícil mantener unas coordenadas y fijar el rumbo. El problema no son los amotinados puntuales, sino la nave que capitanea Munar.
(*) Publicado en El Mundo / El Día de Baleares el día 6 de agosto de 2005 |