EL PURO Y LA PAELLA

JOAN PERICÀS (*)

 

Si yo fuera uno cualquiera de los habitantes de las urbanizaciones Nova Santa Ponça y Santa Ponça Golf, es decir si yo fuera cualquiera de los ciudadanos de Calvià que después de quince años de pagar religiosamente mis impuestos todavía no dispone de un asfaltado y una iluminación en condiciones, lo primero que haría hoy, independientemente de la decisión del pleno de ayer, es denunciar al Ayuntamiento aportando al juzgado fotocopias de las informaciones salidas en prensa durante el último año. ¿Para qué si no están los juzgados?

La crónica política de Calvià parece tener querencia por la conspiración entre manteles, por el puro y la paella. Algunos ya han cumplido condena por episodios muy parecidos. El porqué se me antoja simple: Calvià no es controlado desde dentro sino desde fuera; los asuntos sobre su devenir no se toman en las juntas locales de los partidos, sino que se dejan abiertos, pendientes de la última palabra pronunciada en las direcciones insulares. Todo ello por dos razones: dinero y dinero.

No voy a repetir aquí la historia más reciente, en la que se entremezclan presidentas de partido, editores influyentes, urbanizadores acaudalados, etc, etc. Voy a responder directamente a la pregunta que nos formula este periódico, con otra pregunta: ¿Puede romper Delgado ese pacto? ¿Acaso no hará lo que ya hizo en el caso Son Massot; es decir: dejarse «aconsejar» por la dirección de su partido?

Analicemos las pruebas. Que un concejal tránsfuga diga que se conspiró contra Delgado no prueba absolutamente nada si finalmente la moción no se produjo. Lo que sí es un hecho contrastable es su propio transfuguismo. En este sentido lo realmente adecuado hubiera sido suspender el pleno del viernes y cumplir el pacto antitransfuguismo firmado por los partidos en todo el ámbito estatal. El voto de un tránsfuga es un voto nulo, aunque el tránsfuga nos caiga simpático y parezca que tiene la razón.

Puede parecer absurdo, y lo es. Puede parecer que, en realidad, cuando un votante ejerce su derecho cada cuatro años en Calvià no lo hace para elegir a los políticos que van a resolver sus problemas y los de sus conciudadanos, sino para elegir a los que van a saber mantener al municipio en las portadas de los periódicos. Yo tengo una solución drástica para variar este destino de puro y paella: la acción ciudadana y el pásalo.

(*) Publicado el día 30 de julio de 2005 en El Mundo / El Dia de Baleares