Voluntarios Sin Fronteras Calvià


Jorge Miguel Casanovas Stobart. Palma. (*)

Me quedé helado el pasado mes de enero, y no precisamente por la ola de frío, ni por las nieves que cayeron aquí. Si no porque hablando con Toni Palazón, presidente de la Asociación de Voluntarios Sin Fronteras Calvià, me comentó que se iban a Phi-Phi, Phuket en Tailandia a llevar ayuda humanitaria, su experiencia en limpieza de litorales, desescombro marino y toda la ayuda que un par de manos pudieran ofrecer y que se lo financiaban íntegramente ellos, de su bolsillo. Yo un tanto incrédulo le pregunté si uno de los ayuntamientos más ricos de Europa y del cual llevan su nombre en las sudaderas no les había financiado parte de esta aventura solidaria.
Tras varios intentos infructuosos de sonsacárselo me convenció de que esa era la triste y cruda verdad, cosa que me entristeció profundamente pues, pensé que a los políticos sólo les interesa hacerse la foto con grandes ONG donando algún que otro fondo no destinado a la construcción de alguna carretera y todo ello sin ensuciarse las manos. Sin hacer el mínimo caso a todas aquellas pequeñas ONG que llevan su trabajo y su ayuda in situ, sudando su nombre, ensuciándose las manos, como los chavales de Muxia que a porrones llegaban a esa población o ellos que cogieron un billete de avión y se plantaron en el aeropuerto de Phuket sin una sola ayuda institucional, pero eso sí, con la bandera mallorquina bien alta y haciendo enorgullecer al ciudadano de a pie de esa lejana ciudad llamada Palma, porque al contrario de lo que se diga hay unos pocos seres humanos, mallorquines con polones, que les arde el alma si no hacen algo por ayudar a su prójimo, en este caso llevarla a una tierra devastada por la tragedia llamada Tsunami.

(*) Publicado el 29-03-2005 en cartas al director del Diario de Mallorca


 

 
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