´Los primeros calvianers, de 1.800 a.C, ya vivían en lo que hoy es Magaluf, Peguera o Son Ferrer´


Manel Calvo ha coordinado una obra magna que recoge 4.000 años de historia de Calvià y sus vestigios arquitectónicos


I.Moure
Manel Calvo. Arqueólogo municipal y uno de los coordinadores de la obra ´Calvià, Patrimonio Cultural´. Junto al técnico de Patrimonio Antoni Aguareles, Calvo ha coordinado una obra magna que recoge 4.000 años de historia de Calvià y sus vestigios arquitectónicos. La obra, en la que han intervenido una quincena de doctores de la UIB, cuenta con ilustraciones de Mariano Mayol y Lourdes Crespí Gamundí.

–¿Cómo eran los primeros calvianers?

–A los primeros calvianers no les conocemos. Eran del Calcolítico, sobre el 2.500 antes de Cristo, pero las evidencias más antiguas de que disponemos son de una época posterior, de la Edad de Bronce, sobre el 1.800 antes de Cristo. A partir de estas evidencias, sabemos que vivían por todo el municipio. Un poco como ahora. En las zonas de Magaluf, Son Ferrer, Galatzó, Son Bugadelles, Peguera. Tenían cuevas de enterramiento, como la que existe debajo del túmulo de Son Ferrer, y vivían en poblados.

–¿De dónde llegaron?

–Probablemente, llegaron del arco comprendido entre Dènia y la desembocadura del Ródano. En esa zona hay corrientes marítimas que facilitan la navegación. Con ellos trajeron ovejas, cabras, vacas...

–Calvià es hoy en día un municipio de aluvión. Con más de 100 nacionalidades. Da la sensación de que durante la historia siempre fue así.

–Sí, en general las Balears siempre han estado en contacto con muchas culturas. Y Calvià es un sitio excepcional a nivel de yacimientos en los que se pueden seguir las secuencias de estas ocupaciones. Como en sa Morisca, donde encontramos evidencias desde el Bronce Final (en el 1.200 antes de Cristo), época talayótica, postalayótica, romana, islámica y hasta la conquista cristiana del siglo trece.

–Las culturas no se sucederían unas a otras de forma razonable y pausada. Habría choques. ¿Fue el municipio una tierra de batallas?

–Hombre, la más conocida es la de 1229, cuando desembarcó la expedición de Jaume I. En Calvià hay una mezcla. Por un lado, hay épocas en que se ve que cada poblado se defiende. Y eso se ve en las murallas que protegen el poblado, en las atalayas que controlan los accesos... Pero, a la vez, fue una tierra de intercambio, de contactos comerciales con fenicios, púnicos...

–Calvià vila y es Capdellà son los dos únicos núcleos tradicionales del término. Ambos, en el interior. ¿Por qué no hay ningún núcleo tradicional en la costa? Santa Ponça, Palmanova, Peguera... Todos son de reciente aparición.

–Durante mucho tiempo el mar fue considerado una fuente de peligro. Del mar llegaban los piratas y, con ellos, los saqueos, las ´razzias´. Sobre todo, en la Edad Media y Moderna, con el Imperio Otomano.

–Este temor explica, me imagino, la construcción de esas torres de defensa que aún se pueden ver en la costa del municipio

–Sí.

–Por cierto, torres que no se encuentran en muy buen estado de conservación.

–En este caso desde las instituciones nos encontramos con una dificultad. Como no son de propiedad pública, son los propietarios privados los encargados de mantenerlas y no lo hacen. De las seis torres, hay dos especialmente con problemas, la de Cala Figuera y la de ses Illetes.

–¿Cuánto hay de verdad y cuánto de fabulación en las historias que se cuentan del periplo de Jaume I en Calvià? Dice la leyenda, por ejemplo, que la capilla de la Pedra Sagrada (cerca de Son Bugadelles) alberga la roca donde las tropas cristianas oficiaron su primera misa en territorio mallorquín.

–Es cierto que hubo una misa y el Llibre dels Fets así lo relata, pero no en el sitio donde se erige esta capilla, que se seleccionó en 1929 con motivo del 700 aniversario de la conquista. Y la piedra que se conserva no fue el altar. Por otro lado, en la crónica de la conquista se cuenta que las tropas de Jaume I subieron a una colina y tuvieron una primera escaramuza. Un hecho que corroboramos al descubrir en el Puig de sa Morisca una placa de arnés con un grifo alado de un caballero.

–Décadas antes del desarrollo turístico, los territorios costeros no eran muy apreciados. Los que los heredaban eran los hijos ´segundones´. Sin embargo, vaya ´pelotazo´ darían luego...

–Pues imagínese. Lo que antes eran terrenos con capacidad de explotación muy reducida, generalmente salobrares, marismas, arenales, a partir de la década de los sesenta se reconvirtieron, cambiando la fisonomía de Calvià a nivel de territorio, economía y población.

–¿Se alzaron voces en Calvià contra el incipiente desarrollismo turístico?

–Se alzaron voces, pero fue más bien a nivel de todo Mallorca.

–¿Cómo se combina la conservación del patrimonio con la realidad de un municipio hiperdesarrollado desde el punto de vista urbanístico y turístico?

–Ahora, con las normativas que se han ido aprobando, se combinan mejor ambas cosas. Pero en las décadas de los sesenta, setenta, ochenta, debió de ser duro hacerlo compatible. Y, actualmente, el hecho de que Calvià sea tan turístico es un punto a favor, porque te permite explotar ese patrimonio como un atractivo para los visitantes.

–¿Se puede hablar de una tipología constructiva típicamente calvianera?

–No. Las construcciones vienen definidas por el entorno de la isla, y en especial por la cercanía a la Serra. Aunque es cierto que en Calvià se hallan buenos ejemplos de ´possessions´, como Galatzó, Torà, Valldurgent, Son Vic Vell, Son Claret, Son Martí...

–Cuando dentro de 200 ó 300 años alguien se decida a recoger en un libro el patrimonio más destacado de Calvià, ¿incluirá alguno de los hoteles actuales?

–Por qué no. El libro Calvià. Patrimonio Cultural ya recoge algunos de ellos, que están catalogados y protegidos, como el Roc Illetes, el Maricel, el Hotel Bendinat y el Punta Negra.

 

 

 
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