Las secuelas del candado hotelero
El cierre indefinido de alojamientos turísticos causa daños al entorno comercial de Calvià
I.Moure
En invierno, no desentonan. Son una mole vacía. Sin vida. Como tantas otras que hay en el municipio de Calvià cuando la llegada de visitantes se interrumpe en temporada baja. Sin embargo, a medida que los establecimientos hoteleros van abriendo durante los primeros meses del año, estas moles continúan igual. Vacías. Sin vida. Y ahí sí que se acentúa el contraste entre la permanente imagen fantasmagórica que ofrecen y la actividad de los negocios turísticos del entorno. Son edificios que han tenido una actividad hotelera y ahora no tienen ninguna, solo se dedican a mantenerse en pie. Están cerrados desde hace años. Un cierre con implicaciones. No es sólo que el municipio pierda una de sus ´industrias´ (Calvià cuenta con más de 250 alojamientos turísticos). Todo el entorno lo sufre. Especialmente, los representantes del tejido comercial del entorno, unidos por un cordón umbilical con los turistas que traen los hoteles. Es una situación que experimentan, por ejemplo, los comerciantes que tienen sus negocios en la avenida Magaluf. En pleno centro del núcleo turístico de referencia de Calvià. Desde hace un par de años está cerrado el Sol Jamaica, cuyas más de 300 habitaciones distribuidas en nueve plantas y complementadas por un jardín de 400 metros cuadrados, ocupan buena parte de la manzana. En su momento, la compañía hotelera justificó la medida "por razones de seguridad y de estudio de las alternativas para la reforma" del edificio. Pasado el tiempo, los comerciantes de la zona no saben si volverá abrir. Lo que sí saben es que su negocio se ha resentido. "Claro que afecta. Afecta mucho", explica la responsable de una tienda de bebidas. "Lo hemos notado en las ventas. A este hotel venían muchos jóvenes ingleses y también gente mayor, que compraban en nuestra licorería. Y ahora ya no vienen", declara. "Lo peor es la mala imagen que causa en la zona. Está abandonado, sucio", tercia la empleada de una perfumería, quien recuerda cuando a su establecimiento venían año tras año clientes fijos que se alojaban en el hotel. Clientes de los que ya no tiene noticia, se lamenta.
Saint Michel
Tampoco representa la mejor de las postales turísticas un imponente edificio situado en Costa de´n Blanes, lo que era el Hotel Saint Michel, justo al lado de la rotonda que sirve para dirigirse a la autopista hacia Palma. Está en una localización envidiable, a escasos 300 metros de Puerto Portals, pero su estado de conservación deja que desear desde hace años. Las cristaleras de las habitaciones, rotas. La piscina, semillena de un líquido oscuro y con desperdicios. El interior del recinto, conquistado por hierbajos. Una instantánea, en fin, del abandono. "Está claro que no da una buena imagen. Incluso en los hoteles que están al lado, hay clientes que se quejan de ese estado de abandono", explica la nueva presidenta de la asociación hotelera de Portals Nous, Joana Maria Kohnen. Kohnen señala que la última información que tiene es que existe un proyecto para reformar el establecimiento. "Ojalá pueda salir adelante", concluye.
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