Vivir en Punta Ballena
Los vecinos relatan las molestias que
les ocasiona convivir con la actividad nocturna de la céntrica
calle turística
I. MOURE.
Un mismo lugar para una
distinta percepción. Para miles de turistas, sobre todo ingleses,
Punta Ballena (Magaluf) es el paraíso mallorquín del ocio.
El lugar donde pasar unos días de desenfreno nocturno aprovechando
la abigarrada oferta de bares, pubs, discotecas... Para los vecinos que
viven en las calles colindantes, sin embargo, ese mismo sitio se convierte
en todo lo contrario en los principales meses de temporada alta. Donde
jóvenes turistas ven posibilidades de disfrute, los residentes
sólo observan ruidos, aglomeraciones y problemas de civismo y de
tráfico.
La conclusión de un vecino consultado por este diario es reveladora
de las molestias que sufren: "Siempre estamos deseando que llegue
el invierno para que pase todo el jaleo".
Paco Sánchez lleva 36 años viviendo en Torrenova. Llegó
en 1973 y asegura que, desde entonces, la zona ha cambiado mucho. "Ha
cambiado al 500 por ciento", subraya. "Ha dejado de ser una
zona residencial. Antes podíamos andar por la calle a cualquier
hora del día. Incluso por la playa. No como ahora, que de noche
no se puede ir. El día a día en Punta Ballena es un sacrificio.
Llega al punto de tener que soportar los insultos de ´tiqueteros´,
que se creen los dueños de la calle al no haber ninguna autoridad.
Yo he sufrido esos insultos. Lo único que reclamamos es que, cuando
volvamos a casa, se haga cumplir la autoridad. Si esto no se cumple, nos
movilizaremos", declara.
"Una amargura, un estrés"
Los ruidos constituyen la principal queja
de los residentes. Según relatan, la suma del bullicio callejero
más la música de terrazas de bares y hoteles se convierte
en "una amargura, un estrés". Lo dice Manuel A., miembro
una asociación de vecinos de un área residencial colindante.
"Los ruidos te acaban volviendo loco. Yo tengo doble cristal y aún
oigo la música de fuera, pero no oigo lo que dicen en la tele de
mi casa. Acabas viviendo como recluido en tu propia casa. Incluso me ha
pasado tener una cena con amigos y no poder hablar", manifiesta este
vecino, quien protesta especialmente por la música procedente de
catamaranes convertidos en ´discotecas flotantes´.
"Llevamos desde 2003 haciendo quejas para que nos ayuden. A la Capitanía
Marítima, a Delegación del Gobierno, al Defensor del Ciudadano
de Calvià...", agrega.
Los vecinos de la zona cuentan historias de cristales de coches rotos,
de limpiaparabrisas arrancados, de contenedores volcados. De mañanas
con "escenarios dantescos, con vómitos por la calle, gente
tirada", como explica Juan Aljama, quien vive desde hace ocho años
en la zona. "Nosotros pagamos nuestros impuestos como si viviésemos
en una zona privilegiada y deberíamos tener unos servicios adecuados",
reflexiona.
Tráfico difícil
Aljama apunta una queja que aparece como
una constante en las conversaciones con los vecinos: las dificultades
con que se encuentran las personas que quieren atravesar con su vehículo
Punta Ballena en las horas puntas del ocio nocturno, como consecuencia
de la presencia masiva de jóvenes.
"Esto es una ciudad sin ley. Por la noche, casi no puedes llegar
en coche a casa. Tienes que tener cuidado con la gente que va a su aire.
Mi esposa, un día, cerró su tienda y cogió el coche
para volver a casa. Pasó por Punta Ballena y le cerró el
paso un grupo de hombres. Y no pudo continuar. Tocaban el claxon, la pegaban...",
cuenta Aljama. "Nos hemos reunido muchas veces con el Ayuntamiento,
pero ha servido para poco. Sólo pedimos que haya más vigilancia,
porque ahora no hay ninguna", añade este residente calvianer.
Ante este panorama, no faltan quienes ven en la mudanza la única
alternativa a sus tribulaciones. "Me he llegado a plantear cambiar
de casa. Pero cuando pueda. Ahora no estoy en situación de hacerlo",
afirma Marga García. "Psicológicamente me afecta, ¡claro
que me afecta! No puedo descansar. Tampoco rendir en el trabajo",
argumenta esta vecina, que prosigue: "Entiendo que vivimos en una
zona turística, pero yo pido un mínimo de control y que
tengan unos limitadores. Yo no creo que el hecho de tener un ruido excesivo
les haga ganar más dinero".
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