Bares de Punta Ballena cierran unas horas en protesta contra el Consistorio

Empresarios de la zona, molestos por las restricciones a las terrazas con música y la reducción del límite de decibelios

 

I. MOURE.

Propietarios de bares en la principal arteria de ocio para los turistas en Calvià, Punta Ballena (Magaluf), expresaron ayer su malestar hacia el Ayuntamiento después de que este fin de semana agentes de la Policía Local les comunicasen que, a partir de ahora, deberán apagar la música de sus terrazas una hora antes (a las 23 horas) y tendrán que reducir en 10 decibelios los niveles sonoros.
Según lamentó el presidente de la asociación empresarial de Punta Ballena, Alejandro Jara, son unas medidas que "limitan la actividad" y "quitan atractivo" a la zona. Jara informó de que algunos propietarios de locales de ocio cerraron sus negocios unas horas durante la mañana de ayer en señal de protesta y agregó que preveían hacerlo también a lo largo de la tarde, hasta las 21 horas, sin descartar otro tipo de movilizaciones en un futuro. Jara integró una representación de más de una veintena de estos empresarios, que se personaron en el Consistorio calvianer para reclamar una reunión urgente con autoridades municipales. Desde el Ayuntamiento, se argumentó que la Policía Local se ha limitado a hacer cumplir la ley.

El límite, a las 23 horas

En declaraciones a este diario, el regidor de Seguridad Ciudadana, Bartolomé Bonafé (PP), explicó que la música en las terrazas se tiene que apagar antes, porque, según apuntó, el nuevo decreto ley de medidas ambientales para impulsar las inversiones y la actividad económica de Balears –conocido como ´Decreto Grimalt´– establece que el horario nocturno empieza a las 23 horas y no a partir de la medianoche, como hasta ahora.
Igualmente, sostuvo que la reducción de los niveles sonoros hasta los 65 decibelios durante el horario considerado diurno (hasta las 23 horas) es consecuencia de una denuncia de la patronal Acotur, en base a normativas autonómicas y ordenanzas municipales.
Sobre las críticas expresadas por empresarios de Punta Ballena, quejándose de padecer un agravio comparativo respecto a otras zonas turísticas del municipio, el regidor aseguró que, aunque las inspecciones han empezado en Magaluf, continuarán en las próximas semanas por todos los núcleos.

Trabas en momento de crisis

Los argumentos municipales no convencieron a los empresarios, que se quejaron de continuas trabas a su actividad "en un difícil momento económico". "Con un límite de 65 decibelios no podemos trabajar con normalidad. Sólo con un partido de fútbol o con cuatro o cinco personas hablando ya se supera", manifestó el dueño de un bar en Punta Ballena. "Primero nos quitaron las bailarinas del interior de los bares. Después vino la prohibición de los ´tiqueteros´ y, ahora, la reducción de la música en la terraza... Todo son problemas", aseguró otro empresario.
En el trasfondo del malestar que ayer se evidenció con especial intensidad, aparece sobre todo una herida no cerrada aún en el sector: la prohibición total a la actividad de los agentes de publicidad dinámica, los ´tiqueteros´, personas que publicitaban los negocios a pie de calle. Ayer, los empresarios reiteraron que las cuantías de las multas son excesivas (entre 6.000 y 30.000 euros), que ha habido empresarios obligados a endeudarse para pagarlas y que el criterio de los policías para imponer estas sanciones es inadecuado.

Lletra Menuda. La mala costumbre de las malas prácticas

LLORENÇ RIERA

Los propietarios de los locales de ocio de Punta Ballena están convencidos de que el ayuntamiento de Calvià la tiene tomada con ellos. No les cabe ninguna duda de que, en su afán recaudatorio, les está pisando los talones y que por eso ve tiqueteros en todas partes y ahora les recorta horarios y decibelios. Están tan enfadados que ayer, en plena resaca de las últimas actuaciones municipales, se plantaron en la casa consistorial donde, a falta de alcalde disponible, expresaron quejas y reivindicaciones a los concejales de Comercio y Policía. Punta Ballena es un exponente de muchas cosas. No extraña que este santuario de Magaluf con culto prácticamente ininterrumpido al ocio y al consumismo refleje, ahora mismo, todos los inconvenientes que derivan de la desafortunada costumbre de aplicar malas prácticas a la mayoría de normativas municipales. Es una carencia que, por supuesto, no afecta sólo a las poblaciones de Calvià pero, como el grueso territorio Delgado aboga por ser pionero o tener presencia relevante en muchas cosas, también es lógico que adquiera presencia destacada y exportable en ese altercado de publicidad, estridencias y relojes. Si el ayuntamiento de Calvià ha redactado ordenanzas para regular estas cosas, no sólo resulta lógico que se afane en aplicarlas, sino que hacerlo forma parte de sus obligaciones más elementales.
Ocurre sin embargo que los ayuntamientos, en la mayoría de casos, han ido adquiriendo, –en bastantes ocasiones en busca de una servitud política deformada– la mala costumbre de aplicar las normativas propias a conveniencia y claro, este criterio ha ido calando en unos destinatarios forzados a espabilarse y que han ido aprendiendo que todo es variable. Por tanto, si las normas se pueden aplicar con el antojo como artículo general, también se puede hacer presión a conveniencia. En el anverso de la situación, puede ocurrir el efecto contrario, como sospechan algunos comerciantes en el caso que nos ocupa, que haya un exceso de celo y de arbitrariedad personal. La buena costumbre de aplicar buenas prácticas es el mejor antidoto para estas situaciones de conflicto.


 

 
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